Guías · Salud
Fiebre en bebés: cuándo llamar al médico (guía AEP)
La fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría y también una de las mayores fuentes de ansiedad para los padres. Saber distinguir cuándo es una señal de alarma y cuándo puede manejarse en casa marca la diferencia entre una noche tranquila y una visita innecesaria a urgencias. Esta guía se basa en las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
¿Qué es la fiebre? Temperatura normal vs fiebre
La temperatura corporal normal de un bebé varía según la zona de medición y la hora del día. Se habla de fiebre cuando la temperatura supera los siguientes valores:
- Vía axilar: igual o superior a 37,5 °C
- Vía rectal: igual o superior a 38 °C
- Vía timpánica: igual o superior a 38 °C
En menores de 3 meses, la AEP recomienda usar el termómetro rectal porque es el más fiable. En bebés más mayores, la vía timpánica o axilar resulta más práctica. Los termómetros de tira o de chupete no son suficientemente precisos y no deben usarse para tomar decisiones clínicas.
La temperatura puede subir ligeramente tras el ejercicio, el llanto prolongado o el exceso de ropa. Antes de concluir que hay fiebre, asegúrate de que el bebé está tranquilo y no está demasiado abrigado, y repite la medición a los 20-30 minutos si tienes dudas.
Cuándo acudir a urgencias de inmediato
Independientemente del valor exacto del termómetro, hay situaciones que exigen atención médica urgente:
- Bebés menores de 3 meses: cualquier temperatura igual o superior a 38 °C rectal requiere valoración en urgencias sin demora. El sistema inmunitario de los recién nacidos no está maduro y una infección puede progresar con rapidez.
- Entre 3 y 6 meses con fiebre superior a 38,5 °C que no cede con medicación o que se acompaña de mal estado general.
- Convulsión febril: si el bebé pierde el conocimiento, se pone rígido o tiene sacudidas, llama al 112 inmediatamente.
- Dificultad respiratoria: respiración muy rápida, quejido, aleteo nasal o hundimiento del pecho entre las costillas.
- Manchas purpúricas: pequeñas manchas rojas o moradas que no desaparecen al presionar con un vaso transparente (test del vaso). Pueden indicar meningococcemia, una emergencia vital.
- Letargia extrema: el bebé es incapaz de despertar o no reacciona a estímulos.
- Llanto de tono agudo e inconsolable diferente al llanto habitual.
Medicamentos seguros para bajar la fiebre
Los únicos antitérmicos recomendados por la AEP en bebés son el paracetamol y el ibuprofeno. No se deben usar el ácido acetilsalicílico (aspirina) ni ningún otro antiinflamatorio sin prescripción médica.
Paracetamol:
- Dosis: 10-15 mg/kg de peso cada 6-8 horas
- Desde el nacimiento
- Presentación en gotas o suspensión oral según el peso del bebé
- Máximo diario: 60 mg/kg, sin superar 4 dosis
Ibuprofeno:
- Dosis: 5-10 mg/kg de peso cada 6-8 horas
- Solo en mayores de 3 meses y más de 6 kg de peso
- No administrar con el estómago vacío para evitar irritación gástrica
- Máximo diario: 30 mg/kg, sin superar 3 dosis
Es fundamental calcular la dosis exacta según el peso actual del bebé, no según la edad. Usa siempre el medidor que incluye el envase.
¿Cuándo alternar paracetamol e ibuprofeno?
La alternancia entre ambos medicamentos ha sido objeto de debate en pediatría. La posición actual de la AEP es clara: no se recomienda alternar de forma rutinaria. Solo está justificado si se cumplen las siguientes condiciones:
- El primer medicamento no ha conseguido bajar la temperatura más de 1 °C transcurrida 1-2 horas desde su administración.
- El bebé presenta malestar importante o incomodidad evidente a pesar del tratamiento.
Si se opta por alternar, debe hacerse con un intervalo mínimo de 2-3 horas entre dosis, dejando siempre pasar el tiempo recomendado de cada fármaco. Nunca administres ambos simultáneamente.
Recuerda que el objetivo del tratamiento antitérmico es aliviar el malestar del bebé, no normalizar el termómetro a 36 °C. Una fiebre que baja a 37,5-38 °C pero con un bebé activo y bien hidratado es un buen resultado.
Signos de alarma que requieren atención urgente
Más allá de la temperatura, estos signos clínicos son señales de que el bebé necesita ser visto por un médico de manera urgente:
- Fontanela abultada o pulsátil: la mollera normalmente está plana o ligeramente hundida. Si está tensa o abombada, puede indicar aumento de presión intracraneal.
- Rigidez de nuca: el bebé no puede inclinar el mentón hacia el pecho cuando se le flexiona suavemente la cabeza. Es un signo clásico de meningitis.
- Exantema petequial o purpúrico: manchitas rojas o moradas que no palidecen al presionar. Aplica el test del vaso: presiona con un vaso transparente; si las manchas no desaparecen, ve a urgencias.
- Letargia extrema: el bebé duerme demasiado, no se despierta para comer o está inusualmente difícil de despertar.
- Rechazo prolongado de tomas: si no come ni bebe durante más de 8 horas o hay signos de deshidratación (boca seca, llanto sin lágrimas, pañales muy secos).
- Fiebre que dura más de 5 días sin diagnóstico claro.
Mitos sobre la fiebre en bebés
Algunos consejos populares sobre la fiebre pueden ser ineficaces o incluso peligrosos. Aquí los más frecuentes:
- Mito: hay que bañar al bebé con agua helada. Falso y peligroso. El agua muy fría provoca vasoconstricción, hace subir la temperatura interna y puede desencadenar escalofríos violentos. Si se usa un baño, debe ser con agua tibia (36-37 °C), nunca fría.
- Mito: frotar con alcohol baja la fiebre. El alcohol se absorbe a través de la piel del bebé y puede causar intoxicación. Está completamente contraindicado.
- Mito: la fiebre daña el cerebro. La fiebre producida por infecciones comunes no daña el cerebro. El daño cerebral se produce solo si la temperatura supera los 41 °C de forma sostenida, lo que es extraordinariamente raro en enfermedades pediátricas habituales. La encefalopatía observada en algunas infecciones graves se debe a la infección en sí, no a la temperatura.
- Mito: hay que abrigar mucho al bebé con fiebre. El exceso de ropa impide que el calor se disipe. Viste al bebé con ropa ligera y mantén la habitación a una temperatura agradable (18-20 °C).
- Mito: siempre hay que bajar la fiebre cuanto antes. La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo que ayuda a combatir la infección. Solo debe tratarse si produce malestar al bebé, no por el valor numérico en sí.
Cuidados generales durante la fiebre
Además de los medicamentos, hay medidas generales que ayudan al bebé a sentirse mejor y previenen la deshidratación, que es el riesgo más real asociado a la fiebre:
- Hidratación frecuente: ofrece pecho o biberón con más frecuencia de lo habitual. En mayores de 6 meses puedes ofrecer también agua.
- Ropa ligera: evita el exceso de capas. Una sola capa de ropa fina es suficiente.
- Temperatura ambiente: mantén la habitación entre 18 y 20 °C y ventila con regularidad.
- Reposo: el bebé debe descansar, pero no es necesario mantenerlo inmóvil si está activo.
- Vigilancia nocturna: revisa la temperatura cada 4-6 horas durante la noche si la fiebre es alta.
Convulsiones febriles: qué hacer
Las convulsiones febriles afectan al 2-5 % de los niños entre 6 meses y 5 años. Aunque son aterradoras, en la mayoría de los casos son benignas y no dejan secuelas. Si tu bebé tiene una convulsión febril:
- Colócalo de lado (posición de seguridad) sobre una superficie plana para evitar que se atragante.
- No introduzcas nada en la boca ni intentes sujetar sus extremidades.
- Registra la hora de inicio y la duración.
- Llama al 112 si la convulsión dura más de 5 minutos, si el niño no se recupera bien en 15-30 minutos o si es la primera vez que ocurre.
- Tras la convulsión, acude siempre al servicio de urgencias para valoración médica.
El hecho de haber tenido una convulsión febril no significa que el niño vaya a tener epilepsia; el riesgo es similar al de la población general.
Cómo Bebblo te ayuda a gestionar la fiebre
Llevar un registro preciso de la temperatura es fundamental cuando el bebé está enfermo. Con Bebblo puedes:
- Registrar cada medición de temperatura con la hora exacta y la vía de medición.
- Anotar los medicamentos administrados (dosis, hora y tipo) para evitar sobredosificaciones y respetar los intervalos correctos.
- Registrar síntomas asociados como vómitos, rechazo de tomas, irritabilidad o cambios en el sueño.
- Generar un historial que puedes compartir directamente con el pediatra, lo que facilita enormemente la consulta y evita que olvides detalles importantes.
Cuando llevas al bebé al médico con un registro detallado de las últimas 24-48 horas, el pediatra puede tomar decisiones más informadas y rápidas. Además, tener los datos delante reduce la angustia de los padres porque permite ver la evolución real de la fiebre, no solo el pico más alto recordado con miedo.
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